miércoles, 23 de febrero de 2011

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A veces... llega un momento en que me entra miedo. Miedo de no saber seguir. Miedo de no querer seguir. Miro a mi alrededor y las paredes, la cama, la ventana... todo sigue igual. El cielo hoy está precioso, completamente azul hasta el horizonte. Pero ha sido un día duro. Los días suelen ser duros. Por supuesto que puedo ser fuerte y afrontarlo todo, incluso podría continuar en solitario, como hace mucho tiempo solía hacer. Pero ¿para qué? Simplemente... estoy perdido. Necesito encontrar mi razón.

-¡Eso solo lo hace la mala gente!
Le miré:
-Es que la gente es mala -dije encogiéndome de hombros y volviendo la vista al frente.
Noté como me miraba y supe que estaba reprimiendo una especie de sonrisa triunfal. Incluso pude predecir sus siguientes palabras:
-Eh, ¿recuerdas que este verano discutíamos y tú decías que las personas eran buenas?
-Sí -recordé momentaneamente el verano. Antes de llegar a este lugar, a esta situación. Aquellos meses de abrazos, sonrisas continuas, libertad y buen tiempo, intercalados también con gritos y lágrimas pero... no era lo mismo-. Hoy hace un día de verano.
-La verdad es que sí.
-Es que... en verano yo era feliz. Ahora... je, no demasiado.
-¡Tú eres feliz! -me dijo mirándome con cara de perplejidad.
Y me reí... Con la misma supuesta felicidad que se supone que hay en mí.
-El que es realmente desgraciado soy yo, que cada vez tengo más exámenes y menos tiempo para estudiar y...
Dejé de escuchar, y mi mente dijo la frase que mis labios no pronunciaron: Realmente, no sabes nada, ¿eh?

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