Es curioso como de repente, el pulso se acelera y empiezas a notar calor en el pecho, una mezcla entre alegría y vergüenza que te hace estremecer. Y otras veces, tristeza, desesperanza, sentimientos que parecen emanar directamente del corazón.
Es fantástico, pero es muy escalofriante también, que algo tan irracional pueda provocar sensaciones tan intensas.
También es... extraño, que todo el mundo lo sienta así, que todos los tópicos sensibleros que antes parecían tan ñoños e irreales existan.
Pero poco a poco, paso a paso, voy aprendiendo, voy conociéndome mejor y prediciendo mis reacciones.
Envidia, egoísmo, alegría, compasión, celos, arrepentimiento, vergüenza, ira... Voy asumiendo que no tengo poder sobre mis sentimientos, no puedo cambiar lo que siento a mi voluntad, sea bueno o malo, maduro o infantil. De hecho, siempre me gustó sentir intensamente, aunque se tratase de un enfado o tristeza. Pero sí puedo elegir qué hacer, soy libre de actuar desechando la voluntad de los sentimientos que considere erróneos o nocivos.
Lo que siento sigue ahí, pero ya no tengo miedo, ¿de qué? ^^
sábado, 20 de noviembre de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario